el molino

ArrATOS nace como un molino papelero urbano, por amor al papel y a su elaboración artesanal con fibras procedentes de plantas renovables, con fibras procedentes del reciclado de materiales vegetales y con fibras de textiles desechados.

ArrATOS es el deseo de difundir la gran cualidad expresiva del papel como material de creación artística en sí mismo.

Durante siglos, los molinos papeleros han sido los centros productores de papel. En España, los árabes construyeron los primeros molinos papeleros, y a través de al-Ándalus se expandieron primero por la Península Ibérica y después por toda Europa.

Los molinos mantuvieron su actividad hasta bien entrado el siglo XIX, a partir del cual fueron abandonados progresivamente debido al avance de la industrialización y a la explotación de los recursos madereros procedentes de los bosques

Papeles colgados a secar en el tendal

En el siglo XXI, recuperar el quehacer del molino papelero nos inspira a dar rienda suelta a la creatividad en papel, y a explorar y experimentar con fibras que permiten el aprovechamiento y reciclado de materiales de desecho, contribuyendo a la eliminación de residuo y favoreciendo la economía circular.

haciendo papel

ArrATOS es el primer espacio que se abre en Madrid dedicado de manera especial al aprendizaje y elaboración de papel de tina.

Además, se configura como un estudio-taller para la creación de, en y con papel, incorporando técnicas de trabajo relacionadas como la Encuadernación de Arte y el Libro de Artista, la Serigrafía, la Ilustración o el Collage, entre otras.

la pila holandesa

pila holandesa

En los molinos papeleros, la pasta de papel se preparaba con una serie de grandes mazos accionados por la rueda del molino. El bataneado con dichos mazos desfibraba el trapo ya macerado convirtiéndolo en pasta papelera lista para añadir a la tina y formar la hoja.

La mecanización de esta tarea se produjo en el siglo XVII, cuando los papeleros holandeses inventaron una máquina para desfibrar el trapo mediante un molón de estrías rotatorio. A partir de entonces, la conocida como pila holandesa se fue popularizando en todos los molinos progresivamente, ya que no solo reducía los tiempos de desfibrado de manera extraordinaria, sino que además proporcionaba un mejor refino de la pasta.

La pila holandesa es la reina de nuestro pequeño molino papelero urbano y nos permite trabajar a la antigua usanza para elaborar auténtico papel de trapo.

Si ya no puedes usar tus prendas más queridas,

sí puedes aprovecharte de este recurso para elaborar papel artesano con ellas

y darles otra vida.

¡No lo dudes, será un placer compartirlo contigo!